En este mundo hay espacio para la gente con gustos extraños, lo que puede ser benéfico para personas que sepan explotar ese mercado. En esta ocasión quiere contarles como un amigo de la universidad combinó su más grande pasión, las figuras espantosas y tenebrosas y el gusto de personas por adquirir estas piezas para tener un negocio bastante rentable que le ha permitido ser independiente.

Ambos estudiamos diseño gráfico hace ya unos años y él siempre mostró fascinación por crear piezas fantasmagóricas, macabras, entre otros adjetivos similares, en máquinas de corte láser o impresoras 3D. La realidad es que sus figuras eran únicas, les ponía tanto esmero que cada una tenía un toque que la hacía especial. Muy pocos de los estudiantes mostraban interés por sus creaciones, incluso muchos de ellos lo veían con extrañeza, pues pensaban que sus figuras eran para un ritual satánico o que él estaba inmiscuido en temas de sectas, lo cual era mentira, simplemente le gustaba ese tipo de figuras. Nunca dejó de hacerlas, pero le bajó a la producción cuando nos graduamos y comenzamos a buscar empleos. Mientras yo encontré en una agencia de publicidad, él lo hizo en una imprenta, la cual le exigía mucho esfuerzo y pocos días de descanso, pero lo aceptó porque tendría al alcance máquinas para mejorar sus figuras, máquinas que no tenía disponibles en su casa.

Pasó el tiempo y su colección de figuritas bizarras aumentó, al igual que la calidad en cada una de ellas, hasta que un hombre que visitó su área de trabajo encontró una de sus creaciones, por lo que le preguntó que si se la podía vender. La figura era un diablo o algo parecido, tenía un nombre pero no lo recuerdo, ya ven que hay muchas especies diabólicas. Según me cuenta este amigo, la figura la inventó en un 80 por ciento, pues el veinte restante fue lo que se imaginó gracias a la descripción de un libro que leyó. Mi amigo se negó a venderla y entonces el hombre le dijo que le ofrecía cinco mil pesos. Sin pensarlo dos veces, aceptó vendérsela pero por el doble, diez mil. Parecía que la cifra asustaría al comprador pero aceptó la contraoferta y se llevó la figura, además lo recomendó con otros de sus conocidos, quienes también eran amantes del ocultismo.

Los clientes se incrementaron y mi amigo decidió dejar su trabajo en la editorial cuando logró reunir el dinero para comprarse su propio equipo. Buscó ‘corte láser DF’ y en una página de venta por internet consiguió una máquina a buen precio, aunque usada, pero le funcionó para echar a andar su propia empresa. Su creatividad y habilidad lo llevaron a ganar miles y miles de pesos, incluso pequeñas compañías cinematográficas lo contrataban para que les hiciera figuras para una filmación hecha con fotografías rápidas. Hoy en día, la pasión de mi amigo lo volvió un diseñador reconocido, sus figuras valen miles de dólares y viaja por todo el mundo. Todos deberíamos seguir nuestra pasión y así alcanzar nuestros sueños, no es imposible.

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